2291 El Derrumbe de las Ciudades

En cuanto Torvis ató la nueva escalera fuera del taller, su nudo de seguridad tropezó en un peldaño, deslizándose sobre una pequeña protuberancia en la madera. No fue gran cosa. Nadie que había crecido en esa ciudad de escaleras y torres de reloj volvería a caer debido a un escalón flojo, y eso gracias a su trabajo incansable. Cuando terminó el descanso la aseguró a la puerta del taller con un sólido enganche doble modificado que no se rompería hasta dentro de cien años. Luego subió a su araña que había dejado en espera, encendió el motor y condujo por las redes de la ciudad para disfrutar de la noche.

Seis meses más tarde, su tío Torhnal estaba subiendo con una caja de tornillos y engranajes y otros equipos en equilibrio en sus brazos. Cuando el renglón resbaló perdió el control de la caja, y cuando consiguió corregir su postura una sola tuerca se había deslizado fuera de la caja y había caído en la ciudad a sus pies. Torhnal mismo no había corrido ningún peligro. Rápidamente olvidó el episodio, introdujo el hardware y se puso a trabajar en su último encargo, una mariposa del tamaño de una mano que batía sus alas a tiempo con el tic-tac de su pequeño reloj.

La tuerca cayó en el motor de una araña. Allí descansó durante días. El conductor, un Cruachai, siguió su habitual recorrido desde su casa hacia fuera en los bordes exteriores de la ciudad a su trabajo en el centro, donde las almas de los trabajadores se reunían en un nudo de tráfico de araña. Un día, cuando Cruachai iba de prisa a trabajar y se había metido en una red de movimiento lento, optó por hacer un salto a través de una conexión cruzada a otra red. Mientras daba el salto, la tuerca se deslizó hacia abajo en los engranajes de una pierna, precisamente la misma pierna que debe agarrar la nueva red, la cual tuvo que patalear con fuerza a través de varias líneas antes de conseguir agarre. Cruachai notó el aterrizaje desigual, pero no se dio cuenta de su causa. Se alejó a toda velocidad hacia el siguiente salto.

En el transcurso de ese día la red se desgarró. La turca había deshecho un eslabón clave en la estructura. Por la noche toda la red se había desgarrado. El tráfico fue desviado a otras redes, y la gente tuvo que usar un laberinto de escaleras para llegar a sus hogares.

Cuando la joven Marvis, hija de un poderoso magnate del reloj, se enfermó, las arañas de emergencia no lograron llegar a su casa debido a la red rota. La familia se las arregló para bajarla por las escaleras hasta llegar a la araña que la estaba esperando, pero ella estaba ya muy enferma, con un veneno de rápida propagación que estaba pudriendo su sangre. Pasó la siguiente semana durmiendo en una cama de hospital, con su padre a su lado.

Y debido a que el magnate del reloj no podía estar en su trabajo, los constructos de relojería que la ciudad había pedido no llegaron a su destino en el momento correcto. Las máquinas estaban completas, los ojos rapaces de las arañas de transporte alerta, sus garfios punzantes afilados y bien engrasados, pero se quedaron en la fábrica, en la parte más profunda de la ciudad.

La ciudad era vulnerable en el momento equivocado. Las acumulaciones de garrapatas pululaban por las redes entrando desde arriba, ya que, al no haber constructos disuasorios no había ningún medio para detenerlas.

Torvis, al igual que los miles de jóvenes de su edad, corrió hasta el borde de la ciudad, lleno de orgullo cívico, de la sensación de que por fin había una oportunidad para ellos para marcar la diferencia en la ciudad. En ese momento, ningún combate podría tener algún efecto contra el ejército al que se enfrentaban. Cuando les derrotaron, sus cuerpos cayeron literalmente, abajo más allá de redes y escaleras, torres de reloj, casas encaramadas, y las arañas mecánicas esperaron en vano el regreso de sus dueños.

La ciudad cayó, y nadie recuerda exactamente dónde esas escaleras y torres de reloj una vez fueron. Pero hay un pueblo lejano, un pueblo de calles planas y casas de un solo piso donde cada escalera se hace con un escalón flojo, como una advertencia y una conmemoración.